miércoles, 12 de febrero de 2014


“Las circunstancias de mi nacimiento fueron nada extraordinarias pero sí un tanto pintorescas, porque fue un nacimiento que se produjo en Bruselas como podría haberse producido en Helsinki o en Guatemala: todo dependía de la función que le hubieran dado a mi padre en ese momento. El hecho de que él acababa de casarse y llegó prácticamente de viaje de bodas de Bélgica hizo que yo naciera en Bruselas en el mismo momento en que el káiser y sus tropas se lanzaban a la conquista de Bélgica, que tomaron en los días de mi nacimiento. De modo que ese relato que me ha hecho mi madre es absolutamente cierto: mi nacimiento fue un nacimiento sumamente bélico, lo cual dio como resultado a uno de los hombres más pacifistas que hay en este planeta"


“Qué familia, hermano. / Ni un abuelo comodoro, ni una carga / deca / balle / ría, / nada, ni un cura ilustre, un chorro, / nadie en los nombres de las calles, / nadie en las estampillas, / minga de rango, / minga de abolengo, / nadie por quien ponerse melancólico / en las estancias de los otros, / nadie que esté parado en mi apellido / y exija de la estirpe / la pudorosa relación: ‘Aquel Cortázar, / amigo de Las Heras…’. / Ma qué Las Heras, / no tuvimos a nadie, ni siquiera / en Las Heras (la Penitenciaría / que ya tampoco existe, me contaron”


“Mi casa, vista desde la perspectiva de la infancia, era también gótica, no por su arquitectura sino por la acumulación de terrores que nacía de las cosas y de las creencias, de los pasillos mal iluminados, y de las conversaciones de los grandes en la sobremesa”


“Me acuerdo de una plaza, poca cosa: un farol, un paraíso, unos malvones, y ni un banco en que estar y ni una rosa. Pero venían todos los gorriones”


“Por fortuna me escapé de lo que se suele llamar complejo de Edipo, el cual ha malogrado y malogra a tantos escritores, aunque a otros les otorgue una cierta grandeza. (…) En lo alto y flaco me parezco a mi padre. Saqué los ojos anormalmente separados de mi abuelo materno: en cambio me parezco a mi madre psicológicamente. Es muy imaginativa y novelera. Lee cuanto cae en sus manos. Desde niño, eso me permitió tener libros a mi alcance. Nunca me dio consejos literarios. Intelectualmente era incapaz de hacerlo; en cambio discutíamos nuestras lecturas comunes; por ejemplo, los dos somos unos eruditos sobre las obras de Alejandro Dumas. Las comentábamos interminablemente”

“Siempre estoy atrasado de lecturas y de escrituras. Y voy a cumplir 43 años, estoy viejo, viejísimo (detrás de mi incorregible cara de chico)”


“Yo guardo el recuerdo de mi juventud con tanta tristeza ternura como vos, pero hoy en día me siento tanto o más ávido que entonces. (…) Creo que la única gran pérdida son las ilusiones, y a veces las certidumbres, por hermosas que sean, no alcanzan a reemplazarlas. De todos modos hay algo innegable: de muchacho, uno no sabe realmente lo que hace. La autocrítica se ejerce más en el orden moral que en el intelectual. (…) ¿Te acuerdas de lo que era recibir entonces un regalo de un amigo? Era como una salpicadura de divinidad. Las más pequeñas cosas, una cita, un cumpleaños, un banco de plaza, todo estaba cargado de infinito, no sé decirlo de otra manera. Uno lloraba de otra manera”

“Sobre todo camino y miro. Tengo que aprender a ver, todavía no sé”. “No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques, y todo busca una forma, entonces entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de ese ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman pensamiento y que hace la prosa literaria u otra. Hay primero una situación confusa, que solo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal: la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro"

“En otras ocasiones he hablado de los autores que influyeron en mí, de Julio Verne a Alfred Jarry, pasando por Macedonio Fernández, Borges, Homero, Arlt, Garcilaso, Damon Runyon, Cocteau (que me hizo entrar de cabeza en la literatura contemporánea), Virginia Woolf, Keats (pero este es terreno sagrado, numinoso, y ruego al linotipista que no escriba luminoso), Lautréamont, S. S. Van Dine, Pedro Salinas, Rimbaud, Ricardo E. Molinari, Edgar A. Poe, Lucio V. Mansilla, Mallarmé, Raymond Roussel, el Hugo Wast de Alegre y Desierto de piedra, y el Charles Dickens de Pickwick Club”


“Y no esa especie de mala conciencia que, también por deformación intelectual, tengo yo, en el sentido de que si me paso más de diez minutos sin hacer algo, sea lo que sea, tengo la impresión de que soy ingrato con ese hecho maravilloso que es estar viviendo, tener ese privilegio de la vida. Y es algo que siento cada vez más, mientras mi vida se acorta y va llegando a su término ineluctable, si me permitís la palabra tan cursi” “Cuando no recibo suficiente dinero por mis libros o discos, me voy de nuevo a traducir bodrios a la Unesco; lo importante es no ‘profesionalizarse’ en el mal sentido de la palabra”


 “Aurora y yo incurrimos en el matrimonio hace dos días, sábado 22, en la Mairie du 13. Nos casó un maire condecorado, con banda tricolor al pecho y pelo cepillo, muy francés y muy simpático”

 “Todo aquel que vive bien despierto sueña mucho, tiene una carga onírica particularmente densa. ¿Por qué no creer, entonces, que la relación recíproca es también válida, y que hace falta soñar mucho – es decir, aceptar y asumir los sueños- para vivir cada vez más despiertos? (…) Creo que el hombre debería ir al encuentro de su doble nocturno, desterrado y perseguido, para traerlo fraternalmente de la mano, algún día, y hacerle franquear a su lado las puertas de la ciudad”


“Estoy cansado, confuso, bastante angustiado por muchas cosas que pasan en el mundo, y sobre todo por mis obligaciones frente a esas cosas que pasan en el mundo. No sé todavía qué voy a hacer o en qué me voy a convertir, pero hay un Julio que se ha muerto y otro que todavía no ha terminado de nacer”

“Carol y yo nos casamos hace una semana. A lo mejor te parece extraño teniendo en cuenta que yo tengo el doble de la edad de Carol, pero después de casi cuatro años de vivir juntos y haber pasado por todas las pruebas que eso supone en muchos planos, estamos seguros de nuestro cariño y yo me siento muy feliz de normalizar una situación que algún día será útil para el destino de Carol

“Precisamente porque en el fondo soy alguien muy optimista y muy vital, es decir alguien que cree profundamente en la vida y que vive lo más profundamente posible, la noción de la muerte es también fuerte en mí. (…) Para mí la muerte es un escándalo. Es el gran escándalo. Es el verdadero escándalo. Yo creo que no deberíamos morir. (…) La muerte es un elemento muy muy importante y muy presente en cualquiera de las cosas que yo he escrito”


“Me molestan las sacralizaciones tipo Elvis Presley o Marilyn Monroe, porque creo que son absurdas en el campo de la literatura; creo que ahí entra en juego un fanatismo que no tiene nada que ver con la literatura. Pero, dicho esto, por otro lado no tengo ninguna falsa modestia. (…) Tengo una conciencia muy clara de lo que he hecho y sé muy bien qué significó, en el panorama de la literatura latinoamericana, la aparición de Rayuela. Y sería un imbécil o tendría una falsa modestia repugnante si no dijera esto”

;“Yo también envejezco, mamita, mis ojos se cansan mucho (los usé demasiado en esta vida) y me fatigo fácilmente; hay días en que me siento rabioso de no ser ya el que fui, aunque no puedo quejarme puesto que no tengo nada realmente grave. (…) En fin, yo veo por tu letra firme y clara, que estás todo lo bien que es posible a nuestros años (qué lindo hablar como dos viejitos), y te deseo que sigas bien y aprovechando el calor bonaerense”

“Te quiero, país tirado a la vereda, caja de fósforos vacía, / te quiero, tacho de basura que se lleva sobre una cureña / envuelto en la bandera que nos legó Belgrano, / mientras las viejas lloran en el velorio, y anda el mate / con su verde consuelo, lotería del pobre, / y en cada piso hay alguien que nació haciendo discursos / para algún otro que nació para escucharlos y pelarse las manos. (…) Te quiero, país, pañuelo sucio, con tus calles / cubiertas de carteles peronistas, te quiero / sin esperanza y sin perdón, sin vuelta y sin derecho, / nada más que de lejos y amargado y de noche”


Cortázar de la A a la Z. Álbum fotográfico (Alfaguara)

Autorretrato de Cortázar a lo “rayuela”, en el 30 aniversario de su muerte

viernes, 7 de febrero de 2014


“La suerte de la boca desea estar sola, es muda y echa raíces por dentro. Pero la suerte de la cabeza es sociable y anhela a otras personas. Es una suerte errabunda, también rezagada. Dura más de lo que tú eres capaz de resistir. La suerte de la cabeza puede tener los ojos húmedos, el cuello torcido o los dedos temblorosos. Pero todas ellas alborotan dentro de la frente como una rana en una lata”.
"Todo lo que tengo lo llevo conmigo"


Herta Mülle


Los temas de este poeta esclavo que recuerda son el frío, el hambre, los piojos, las chinches, el pan, el carbón, las papas, la suciedad y el tedio. Müller se las arregla, sin embargo, para que la poesía, como el propio poeta, sobreviva en aquella memoria infernal., del “envenenamiento por luz diurna”, de “mujeres de cal”, del “ángel del hambre”, de “besos de hojalata”, de “variantes del tedio” y de la “ligereza del heno”. En cautiverio el cuerpo se vuelve más importante, como si fuera el último espectáculo accesible, por lo que el cautivo logra discernir funciones corporales que el libre no advierte. Por ejemplo, discernir entre la suerte de la boca y la suerte de la cabeza
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La escritora rumano-alemana Herta Müller, Premio Nobel de Literatura, dijo que la pobreza era una forma de censura. En un país con varias decenas de millones de pobres, como México, el comentario parecía aludir a esa realidad inmediata y tangible.

Müller  se refería a sino a su natal Rumanía, durante el periodo comunista. Hacía entonces Müller una observación ya apuntada por Edgar Morin en el capítulo sobre las “brechas sociales y económicas” bajo el comunismo, de su libro Qué es el totalitarismo: de la naturaleza de la URSS (1985).

Decía la escritora que en los países del socialismo real, el hambre, la pobreza y las carencias funcionaban como un mecanismo de censura, destinado a “mantener pequeña a la gente” y a impedir que los “ciudadanos pensaran en otras cosas”.

 A Müller no le cabe duda que la pobreza en el comunismo formaba parte del “plan”. Morin también decía algo parecido cuando aseguraba que aun cuando los planificadores de la economía soviética desearan satisfacer las necesidades básicas de la población, sus colegas ideológicos en el PCUS no dejaban de valorar las ventajas que, para el control social, tenía el sostenimiento de un bajo nivel de consumo en la ciudadanía.

Es interesante que estos argumentos de Morin y Müller se parezcan tanto a los de los críticos de la sociedad de consumo como una condición favorable al control social. Se trata de la misma premisa, aplicada a la explicación de dos sistemas sociales antagónicos: el comunismo y el capitalismo. La pobreza y la opulencia, planificadas en el primero y “espontáneas” en el segundo, producirían, al final, efectos similares en cualquier sociedad del planeta.

 Herta Müller

sábado, 1 de febrero de 2014

"Atravesamos una época de confusión extrema, de replanteamiento de valores y principios, de reordenamiento social, no exento de traumatismo, y los agentes tradicionales de arrojar alguna luz sobre la humanidad, el pensamiento y el arte, ofuscados en el mismo fango provocado por el capitalismo post-industrial, instalándonos no sólo en la penuria económica, sino más grave aún, en la penuria de la ideología y los valores. Vivimos tiempos de crisis, pero aparte del desmoronamiento de un sistema de producción, algo más, lo intuimos, se tambalea peligrosamente en el fondo del complejo entramado de relaciones sociales y económicas en el que se ha convertido esta humanidad que se percibe a sí misma global, pero que a la vez está más que nunca fragmentada, separada de manera cada vez más irreversible por fronteras tecnológicas, donde el poder se asocia a la velocidad y a la aceleración de las transmisiones de datos. Percibimos las cosas y a las personas como tonalidades sensoriales, unas tonalidades previamente determinadas de manera anónima, impersonal; tras la era de la ideología se estaría imponiendo lo que Perniola llama una especie de sensología.

Al igual que la ideología, “esta sensología ahorra al individuo esfuerzo y responsabilidad, inventiva e independencia”. El arte no escapa a ese desmoronamiento e innumerables debates se plantean al respecto. En elDiscurso sobre el horror en el arte,libro breve que recoge un diálogo entre Paul Virilio y Enrico Baj, el primero teórico de la aceleración y el otro artista y crítico, se deshojan algunos de los matices esenciales de ese malestar.

El formato en el que se presenta esta discusión, al ser oral, es mucho menos farragosa que las ideas que se desarrollan en forma de ensayo, y dota a las reflexiones de una ligereza que no está exenta de lucidez y precisión. Se disfruta en este breve libro la contundencia en las opiniones y de la emisión de unos juicios que resultan esclarecedores. Espeta Virilio: ¿Qué es Babel? Una torre de confusión… En el terreno del arte se ejemplifica de manera más dramática esta homogeneización, entre otras cosas, porque la crítica ha sido relegada, cuando no anulada por completo, de los discursos oficiales, las grandes exposiciones y de cómo se dirige al arte de manera institucional para que no haya sorpresas en las reacciones del público o de cierto sector de la crítica, porque incluso éstas están previstas de antemano.

De alguna manera el arte se anticipó a la new economy de la volatilidad y la re-ubicuidad con su inflación de flujos y valores especulativos, siendo uno de los negocios preferidos para el blanqueo del narco-dinero, convirtiéndose en un campo de ensayo de la realidad económica que ahora nos oprime, el narco-capitalismo, que no tiene que ver necesariamente con el tráfico ilegal de estupefacientes sino con la posibilidad de crear economías paralelas. Sólo así se explica el porqué un publicista como Saatchi se ha erigido en uno de los popes del arte contemporáneo, puesto que en la publicidad está implícita la posibilidad de hacer que cualquier obra se pueda vender en millones de dólares. Warhol fue el precursor de esta tendencia, siendo él mismo, básicamente, un publicista.

Ya nadie se toma la molestia de coger un pincel, se lamenta Virilio. Pintar, en este contexto, se considera un comportamiento inadmisible, casi cobarde. Remata Baj: las imágenes que importan son aquellas que gracias a la técnica resultan espectaculares y en las que la calidad del artista nada tiene que ver. Ya no hay objetos de los que se tenga que hacer propaganda puesto que la publicidad es, al mismo tiempo, producto y propaganda. La publicidad en realidad no publicita nada, se autocelebra. De cualquier objeto emana un halo de fascinación, lo que contradice las tesis de Walter Benjamin respecto de la pérdida de aura del objeto artísitico…
Ese estatus “aúrico” del arte ahora se comparte con los gadgets electrónicos de última generación o con cualquier producto que despierte el deseo del consumidor. Y lo peor es que este sistema resiste cualquier ataque. El arte moderno y el arte contemporáneo han sido criticados por multitud de pensadores y filósofos, la lista es larga y compuesta por ilustres nombres respaldados por el rigor, pero esas críticas no hacen mella en el impulso globalizador del arte que parece irreversible, puesto que muestran la capacidad de asimilación de la crítica, generando la sensación de (falsa) libertad, ya que viene a decir que existen espacios, aunque perfectamente delimitados, para la disidencia que es asimilada como parte de la misma dinámica.
 Al respecto comenta Virilio: “Al que ataca al arte moderno se le considera un nostálgico, un conservador. Se rechaza la crítica, cuando la crítica es el motor del arte y de toda verdadera renovación”. Esto mismo provoca que impere una estética de lo políticamente correcto, cuyo paradigma es la publicidad, y ese mismo criterio acaba por aplicarse del mismo modo al arte, lo que redunda negativamente en la fabulosa diversidad que en principio se le presupone.

 La originalidad y la disciplina vienen siendo valores en extinción, primando una nebulosa de sucedáneos ligados a la sociedad del espectáculo, el narcisismo y la imagen, con el triunfo absoluto de la fotografía sobre las otras disciplinas del arte, puesto que la fotografía al ser digital goza de la instantaneidad en la transmisión de pixeles, y en esta new economy, el pixel es dinero, equiparando el ansia de coleccionismo de imágenes fotográficas al realismo burgués del siglo XIX.

 La captación digital es la nueva técnica que revaloriza la fotografía, que a su vez genera los nuevos sistemas de transmisión digital de la imagen, pensados para llenar a gran velocidad el vacío cerebral. Vacío que en los últimos tiempos se ha traducido en un vacío espacial, estando concebidos los museos modernos en torno a la estructura arquitectónica más que alrededor de las obras de arte exhibidas.

 Dice Baj, “si el horror económico es el capitalismo global, el horror estético es el museo global” Virilio insiste en la relación entre publicidad y arte contemporáneo: en el arte la democratización es la cultura pop, que es el supermercado del arte. La cultura pop es como la publicidad, como el cartel publicitario de una cerveza o del McDonald’s. Concluye: La cultura pop es una mierda…"

Era un sábado de enero de 1983 y hacía calor. En el aire se sentía la humedad de la brisa que venía del río Magdalena. Alrededor de la casa, situada en el centro de la hacienda, había muchos árboles cuyas hojas de color verde oscuro se movían con el viento. De pronto, cuando la luz del sol empezó a desvanecerse, centenares de aves blancas comenzaron a llegar volando por el cielo azul, y caminando por la tierra oscura, y una tras otra se fueron posando sobre las ramas de los árboles como obedeciendo a un designio desconocido. En cosa de unos minutos, los árboles estaban atestados de aves de plumas blancas. Por momentos, parecían copos de nieve que habían caído del cielo de forma inverosímil y repentina en aquel paisaje del trópico. Sentado en una mesa, junto a la piscina, mirando el espectáculo de las aves que se recogían a dormir en los árboles, estaba el dueño de la casa y de la hacienda, Pablo Escobar Gaviria, un hombre del que los colombianos jamás habían oído hablar antes de las elecciones de 1982, cuando la aparición de su nombre en las listas de aspirantes al Congreso por el Partido Liberal desató una dura controversia en las filas del Nuevo Liberalismo, movimiento dirigido entonces por Luis Carlos Galán Sarmiento.
—A usted le puede parecer muy fácil –dijo Pablo Escobar, contemplando las aves posadas en silencio sobre las ramas de los árboles.
Luego agregó mirando el paisaje, como si fuera el mismo dios:
—No se imagina lo verraco que fue subir esos animales todos los días hasta los árboles para que se acostumbraran a dormir así. Necesité más de cien trabajadores para hacer eso…. Nos demoramos varias semanas.
Pablo Escobar vestía una camisa deportiva muy fina, pero de fabricación nacional según dijo con orgullo mostrando la marquilla. Estaba un poco pasado de kilos pero todavía conservaba su silueta de hombre joven, de pelo negro y manos grandes con las que había manejado docenas de autos cuando junto con su primo, Gustavo Gaviria, competía en las carreras del autódromo de Tocancipá y de la plaza Mayorista de Medellín.
—Todo el mundo piensa que uso camisas de seda extranjera y zapatos italianos pero yo sólo me visto con ropa colombiana –dijo mostrando la marca de los zapatos.
Se tomó un trago de soda para la sed porque la tarde seguía muy calurosa y luego agregó:
—Yo no sé que es lo que tiene la gente conmigo. Esta semana me dijeron que había salido en una revista gringa… Creo que, si no me equivoco, dizque era la revista People… o Forbes. Decían que yo era uno de los diez multimillonarios más ricos del mundo. Les ofrecí a todos mis trabajadores y también a mis amigos 10 millones de pesos por esa revista y ya han pasado dos semanas y hasta ahora nadie me la ha traído…. La gente habla mucha mierda.
Pablo Escobar hablaba con seguridad, pero sin arrogancia. La misma seguridad con la que en compañía de su primo se montó en una motocicleta y se fue a comprar tierras por la carretera entre Medellín y Puerto Triunfo, cuando aún estaba en construcción la autopista Medellín-Bogotá. Después de comprar la enorme propiedad, situada entre Doradal y Puerto Triunfo, casi a orillas del río Magdalena, empezó a plantar en sus tierras centenares de árboles, construyó decenas de lagos y pobló el valle del río con miles de conejos comprados en las llanuras de Córdoba y traídos hasta la hacienda en helicópteros. Los campesinos, aterrados, dejaron durante un tiempo de venderle tantos conejos porque a un viejo se le ocurrió poner a correr el rumor de que unos médicos antioqueños habían descubierto que la sangre de estos animales curaba el cáncer. Escobar mandó a un piloto por el viejo y lo trajo hasta la hacienda para mostrarle lo que hacía con los animales: soltarlos para que crecieran en libertad. Ahora había conejos hasta en Puerto Boyacá, al otro lado del Magdalena.
Igual que con los conejos, Pablo Escobar consiguió un ejército de trabajadores para plantar palmas y árboles exóticos por el borde de todas las carreteras de la hacienda. Las carreteras daban vueltas, e iban y venían de un lugar a otro de forma caprichosa porque ya Escobar tenía en mente la construcción de un gran zoológico con animales traídos de todo el mundo.
Él mismo, durante muchos meses, dirigió la tarea de poblar su tierra con canguros de Australia, dromedarios del Sahara, elefantes de la India, jirafas e hipopótamos del África, búfalos de las praderas de Estados Unidos, vacas de las tierras altas de Escocia y llamas y vicuñas del Perú. Los animales alcanzaron a ser más de 200. Cuando el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) se los decomisaba, por no tener licencia sanitaria, Escobar enviaba un amigo a los remates. Allí los compraba de nuevo y los llevaba de regreso a la finca en menos de una semana.

Durante varios años, Pablo Escobar dirigió personalmente las tareas de domesticar todas las aves, obligándolas con sus trabajadores a treparse a los árboles por las tardes cuando caía el sol. Cosas parecidas hizo con los demás animales, tratando de cambiar la naturaleza y hasta sus hábitos. Por ejemplo, a un canguro le enseñó a jugar fútbol y mandó a traer desde Miami, en un avión, a un delfín solitario envuelto en bolsas plásticas llenas de agua y amarrado con sábanas para evitar que se hiciera daño tratando de soltarse. Luego, lo liberó en un lago de una hacienda situada entre Nápoles y el Río Claro.....

Llegamos a la hacienda Nápoles cuando ya iban a ser las cuatro de la tarde. La primera cosa que me impresionó fue la avioneta que estaba empotrada en un muro de concreto, en lo alto de la entrada. La gente, que siempre habla, decía que esa era la avioneta del primer kilo de cocaína que Escobar había logrado meter a los Estados Unidos.

Después me impresionaron los árboles alineados en perfecto orden a lado y lado de una carretera pavimentada y sin un solo hueco. Empezamos a ver los hipopótamos, los elefantes, los canguros y los caballos que corrían libres por el campo verde. Mi hijo le dio de comer a una jirafa a través de la ventanilla del auto, con la ayuda del guardaespaldas. A medida que nos adentrábamos en la hacienda íbamos cruzando puertas custodiadas por guardianes. En cada puerta, el guardaespaldas mostraba una tarjeta escrita de su puño y letra por el patrón. Con la tarjeta, las puertas se abrían de inmediato como obedeciendo a un conjuro mágico. Junto a una de las últimas había un carro viejo montado en un pedestal. Era un Ford o un Dodge de los años treinta y estaba completamente perforado por las balas..."


Un fin de semana con Pablo Escobar




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