sábado, 4 de noviembre de 2017


-¿Existe acaso una golosina fea?
 -No. Quizás las golosinas feas sean como uno de aquellos payasos mal pintados que deslizan un halo de tristeza capaz de horrorizar a unos y encantar a otros. A su vez nos dejan una marca de por vida, de la misma forma que ciertas golosinas marcan nuestro paladar para siempre dejando una huella imposible de borrar, incluso escupiéndolas.

 ¡Guau Naná! ¡Sos sorprendente...!
 Y aquí vuelvo a mi hipótesis: nuestros gustos y preferencias por las golosinas hablan por nosotros mismos y están determinados por la memoria emotiva, más que por las características propias de la golosina en sí misma.

  Las golosinas más polémicas, según la única experta del país

miércoles, 27 de septiembre de 2017


Te deseo primero que ames y que, amando, también seas amado. Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.
 Te deseo también que tengas amigos y que,incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar. Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo,para que no te sientas demasiado seguro.
 Te deseo además que seas útil, mas no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede nada más,esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie. Igualmente te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil,sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente,y que haciendo buen uso de esa tolerancia,sirvas de ejemplo a otros.
 Te deseo que siendo joven no madures demasiado deprisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.
 Te deseo de paso que seas triste,no todo el año sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.
 Te deseo que descubras, con urgencia máxima,por encima y a pesar de todo, que existen y que te rodean seres oprimidos tratados con injusticia, y personas infelices.
 Te deseo que acaricies un gato, alimentes un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal,porque de esta manera te sentirás bien por nada. Deseo también que plantes una semilla,por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento,para que descubras de cuántas vidas está hecho un árbol.
 Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero enfrente de ti y digas: “Esto es mío”, sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.
 Te deseo también que ninguno de tus afectos muera pero que, si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.
 Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer,y que, siendo mujer, tengas un buen hombre mañana y al día siguiente, y que cuando estéis exhaustos y sonrientes, aún sobre amor para empezar de nuevo. Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo nada más que desearte.

Sergio Jockymann (Brasil, 1930) fue publicada en 1980 en el Jornal Folha da Tarde,
 de Porto Alegre-RS)

jueves, 31 de agosto de 2017

Los mapuches no son un pueblo originario de la Argentina .De todos los pueblos aborígenes de la Argentina, los únicos que no pueden argumentar que estaban antes de la llegada de los europeos son los mapuches. Los mapuches no se llamaban así en la antigüedad sino que se denominaban araucos o araucanos, habitaron siempre detrás de la cordillera de los Andes, en lo que hoy se conoce como Chile. Del lado opuesto, hoy territorio argentino, cuando se creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776, no había mapuches. Cuando se declaró la Independencia de las provincias Unidas del Río de la Plata en 1816, no había mapuches.

La historia y la antropología coinciden en que el territorio argentino, de San Luis hacia el sur, estaba ocupado por los tehuelches septentrionales (pampas, aoniken) los tehuelches meridionales (pampas, guenaken), los pehuenches en el sur de Mendoza y norte de Neuquén y los tehuelches que habían pasado a la isla de Tierra del Fuego, conocidos como selknam u onas y yaganes. No había araucanos. 

Los llamados actualmente "mapuches", ex araucanos, no tenían relación alguna con la llanura pampeana y la Patagonia argentina, su accionar se circunscribía al otro lado de la cordillera. Los indígenas araucanos eran tradicionalmente muy belicosos. Recordemos que en los primeros tiempos de la conquista española asolaron varias importantes ciudades en Chile que los chilenos tardaron siglos en reconstruir. Históricamente los araucanos se encontraban asentados entre los ríos Itata y Toltén, en Chile, y emparentados lingüísticamente con los grupos indígenas vecinos denominados picunches y huilliches.

Los araucanos presentaron una gran resistencia a la dominación española durante todo el siglo XVI. Entre los 16 grandes caciques araucanos que se enfrentaron a los españoles en el siglo XVI estaban Caupolicán, capturado y muerto en 1558 y otro de sus jefes más famosos fue Lautaro (1534-1557), que capturó y dio muerte a Pedro de Valdivia (1497-1553) junto con sus 50 hombres y unos cuantos miles indios leales a España.

La Guerra de Arauco se prolongó durante toda la primera mitad del siglo XVII hasta la última gran rebelión mapuche en la Capitanía de Chile de diciembre de 1766, o rebelión de Curiñanco, fecha desde la cual las relaciones fronterizas se distendieron y se produjeron importantes transformaciones sociales en el pueblo mapuche, fruto de su expansión hacia las pampas argentinas y la intensificación del comercio entre éstos y los criollos.

Los pehuenches situados del lado argentino de la cordillera de los Andes, hablaban inicialmente una lengua emparentada con la de los tehuelches. En un juicio realizado en Mendoza 1668 por robo de caballos, los indígenas pehuenches que estaban siendo juzgados no hablaban mapuche sino una lengua desconocida que pudo ser entendida por un segundo traductor. En el siglo XIX los pehuenches fueron "araucanizados" y hablaban ya el mapudungun, la lengua de los mapuches, porque eran intermediarios en el comercio entre los araucanos del otro lado de los Andes y los únicos que conocían los pasos cordilleranos y los controlaban hasta que fueron avasallados por los araucanos. Los artículos de comercio que ofrecían los pehuenches eran caballos, ovejas y sal.

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jueves, 10 de agosto de 2017


" El tiempo que funcione el cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad de pensar, dejaré dicho en mi testamento biológico que quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la extinción de la especie humana."

 RITA LEVI-MONTALCINI 

lunes, 7 de agosto de 2017


"Ayudarlo a encontrar las pistas que puedan conectar a Sarmiento con la Estatua de la Libertad se vuelve una aventura estimulante, tal vez hacia un naufragio predecible, pero divertido de experimentar. Hay escasas fuentes de consulta y, por inexacta e indulgente, internet sólo consigue enredar unos pocos datos certeros. David insiste, alentado por el vínculo que lo une a la nacion luego de una entrevista con él, en 2012, a propósito de su colección inigualable. Quiere que, desde los Estados Unidos él, desde Buenos Aires nosotros, contagiemos a académicos, descendientes de preclaros próceres y almas caritativas de archivos y bibliotecas la pretendida emoción que podría generar la idea de que, aparte de la birome, el colectivo y el bypass cardíaco, por raciocinio de una de las mentes más adelantadas que tuvo la Argentina, también es nuestra la Estatua de la Libertad."


Sarmiento y un enigma: la Estatua de la Libertad

martes, 25 de julio de 2017


"La Patria es un dolor que nuestros ojos no aprenden a llorar."

  Leopoldo Marechal

lunes, 24 de julio de 2017


" Desde fines del siglo XIX las mujeres argentinas venían luchando por la obtención de sus derechos cívicos. Cecilia Grierson, aquella notable mujer que había decidido estudiar medicina para curar a su amiga Amalia Koenig que padecía una enfermedad que por entonces era incurable, transformándose en la primera mujer que pudo graduarse como médica en 1889, participó en aquel mismo año en Londres del Segundo Congreso Internacional de Mujeres y en septiembre de 1900 fundó el Consejo de Mujeres. En 1907 la socialista Alicia Moreau de Justo creó el Comité Pro-Sufragio Femenino. Estos impulsos influyeron decididamente para que en mayo de 1910, en pleno centenario, Buenos Aires fuera elegida como sede del Primer Congreso Femenino Internacional con la participación de delegadas chilenas, uruguayas y paraguayas donde se reclamó enérgicamente el derecho de las mujeres a votar.

Otra de las pioneras fue Julieta Lanteri quien tras un sonado juicio logró su carta de ciudadanía y que se la inscribiera en el padrón municipal en 1911. Se convirtió en la primera mujer de toda Sudamérica en ejercer el derecho al voto en las elecciones municipales celebradas el 26 de noviembre de aquel año. En marzo de 1919 lanzó su candidatura a diputada nacional por la Unión Feminista Nacional y contó con el apoyo de Alicia Moreau de Justo y Elvira Rawson. El resultado fue magro pero importante simbólicamente: obtuvo 1.730 votos.

 En 1911 el diputado socialista Alfredo Palacios había presentado el primer proyecto de ley de voto femenino en el Parlamento Nacional, faltaba aún un año para que se sancionara la Ley electoral conocida como Ley Sáenz Peña de voto secreto, universal (o sea masculino en el lenguaje político de la época) y obligatorio. El proyecto de Palacios ni siquiera fue tratado sobre tablas. Las mujeres eran consideradas incapaces por el Código Civil de 1871. Recién en 1926, por la Ley 11.357 alcanzaron la igualdad legal con los varones aunque esa igualdad, que estaba muy lejos de ser respetada en los hechos, era tan relativa que no incluía el derecho al voto ni la patria potestad compartida. Gracias al impulso de Aldo Cantoni, las mujeres sanjuaninas se convirtieron en abril de 1928 en las primeras en votar en todo el país. En 1929, un compañero de ideas de Palacios, Mario Bravo presentó un nuevo proyecto que dormiría –golpe de Estado mediante- el sueño de los justos en los cajones de la cámara por tres años hasta que pudo ser debatido a comienzos de septiembre de 1932.

En apoyo a la ley llegaron al Parlamento 95.000 boletas electorales firmadas por otras tantas mujeres de todo el país con la siguiente consigna: “Creo en la conveniencia del voto consciente de la mujer, mayor de edad y argentina. Me comprometo a propender a su mayor cultura”. Pocos días después, el 17 de septiembre, la Cámara Baja le daba media sanción a la ley propuesta por el diputado socialista Mario Bravo que facultaba a las mujeres para votar. Durante el debate el diputado derechista Bustillo pidió el voto calificado para la mujer en medio del abucheo generalizado de cientos de señoras y señoritas que colmaban los palcos del parlamento, mientras que el socialista Ruggieri, celebraba, en medio del aplauso de las damas presentes “la coincidencia de todos los sectores en el deseo de libertar a la mitad del pueblo argentino, la parte más delicada y sufrida, y la más oprimida, dándole participación directa en nuestras luchas cívicas”

 El legislador ultra conservador Uriburu, se opuso en estos cavernícolas términos al proyecto: “Cuando veamos a la mujer parada sobre una mesa o en la murga ruidosa de las manifestaciones, habrá perdido todo su encanto. El día que la señora sea conservadora; la cocinera, socialista, y la mucama, socialista independiente, habremos creado el caos en el hogar”.

 La Ley no pudo pasar esa defensa infranqueable del pensamiento retrógrado que era el Senado argentino de los años 30. Pero la bancada socialista, la que más hizo por la concreción del voto femenino a lo largo de nuestra historia, acompañada por el impulso de la mujer del fundador del Partido, Alicia Moreau de Justo, insistió sin éxito con proyectos presentados por el diputado Palacios en 1935 y 1938. Este último fue apoyado por una declaración de la Unión de Mujeres Argentinas, firmada por Susana Larguía y Victoria Ocampo.

 Desde aquel proyecto de Palacios de 1911 se presentaron otras 22 iniciativas legislativas hasta que el 9 de septiembre de 1947 pudo sancionarse finalmente la ley 13.010 que establecía en su primer artículo:” Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos.” El 23 de septiembre Evita debutó en el balcón de la Casa Rosada para hablar ante una multitud convocada por la CGT celebrando el voto femenino. Comenzaba a sonar estridente y metalizada por los altavoces, aquella voz enérgica que quedaría para siempre en el recuerdo de todos los argentinos, los que la amaban y los que la odiaban. Aquella voz inconfundible dijo entonces: “Mujeres de mi patria: recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos cívicos.” Y remarcó que se trataba de una “..victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional”.

Felipe Pigna


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