miércoles, 11 de julio de 2012








"Lo que voy a decir no es popular ni me va a granjear la simpatía universal. Creo que el desprecio a los políticos es el deporte nacional español y que si algún día fuera olímpico acumularíamos todo el medallero. Habría que ver cómo soportaría cualquier otro gremio profesional el escrutinio diario de todos los medios, todas las instituciones y toda la ciudadanía; y sería poco probable que si uno de nosotros ocupáramos durante un mes un cargo de responsabilidad política se resolvieran por una especie de poder taumatúrgico todos los problemas del país. Hoy sufrimos y buscamos dónde personificar nuestro resentimiento. Despreciar al político, como despreciar a las celebrities que pueblan los programas basura, nos ayudan a sentir nuestra superioridad moral. Ser adultos es aceptar la imperfección, no sólo nuestra sino también de los demás, y también de las instituciones. Voy a escribir un artículo en Babelia con ese título: "Reconciliados con la imperfección". A ver si le gusta"



 "Un poco de perspectiva histórica ayuda a comprender la privilegiada posición de que disfrutamos las generaciones presentes. Me gusta formular la siguiente pregunta: ¿En qué otra época te gustaría ser pobre, enfermo, discapacitado, extranjero, disidente, preso? La inmensa mayoría prefiere la sociedad actual. Esto demuestra la grandeza moral de nuestro tiempo. La conciencia de este hecho nos ahorraría resentimiento y desprecio mutuo, el origen de esa guerra convencional que vd. menciona. Hacia el pasado y hacia lo conseguido en los últimos 40 años deberían sentir gratitud; gratitud crítica, pero gratitud"


"La poesía celebra la emoción del mundo; la filosofía -la que verdaderamente lo es- define esa emoción. Los conceptos filosóficos deberían ser claros, profundos, hermosos, encantadores, y cumplir el designio de iluminar la experiencia humana y sus enigmas. Por algún motivo -entre otros, por tratar vanamente de emular la exactitud de la ciencia- se hizo un bricolage inane y últimamente la filosofía es en la inmensa mayoría de los casos nada más que historia de la filosofía más o menos disimulada. La abdicación de la filosofía tiene como resultado la sustitución del filósofo por el periodista divulgador, el consultor, el famosos opinador, la autoayuda o la espiritualidad oriental malamente asumidas."


Javier Gomá Lanzón



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