domingo, 12 de julio de 2015


Furio Giunta -Creía que Colón era un héroe en los Estados Unidos.
Ralph Cifaretto -Son los aborígenes y los malditos comunistas. Quieren pintar a Colón como un traficante de esclavos y no como un explorador.
Christopher Moltisanti -Tienes que admitir que masacraron a los aborígenes.
Silvio Dante -Les dimos muchas cosas para compensar eso.
RC -Tierras, reservas…
SD -Y ahora los casinos.

Tercer episodio de la cuarta temporada de Los Soprano, probablemente uno de los cinco mejores capítulos de toda la serie. El capítulo gira en torno a la controversia que genera la figura de Colón en Newmark, New Jersey. Por un lado, la colectividad italiana; por otro, la comunidad aborigen. En principio todo parece ser una disputa por la memoria de “El Descubridor” de América, entre aquellos que pretenden recordarlo como un “explorador” y los que prefieren recordarlo como un “genocida”.

“Escuchen esta mierda (señala Bobby Baccalieri, y lee en voz alta): ‘El Consejo de Asuntos Indígenas de New Jersey anunció que interrumpirá el Desfile de El Día de Colón en Newark. El jefe del Concejo, Del Redclay, profesor de Antropología Cultural dice que concejales y partidarios se acostarán en el camino para protestar contra el rol de Colón en el genocidio de los pueblos aborígenes de los Estados Unidos. Para comenzar su protesta, los aborígenes y sus partidarios realizarán una guardia en la estatua de Colón en el Parque Cristobal Colón”





Qué representa una disputa de estas características, por qué la colectividad italiana y la comunidad aborigen de Newark se abrazan a la causa de la memoria con tanta voracidad.“Ellos no lo saben, pero lo hacen”, es la fórmula marxiana que recuerda Zizek en el Sublime Objeto de la Ideología. En el capítulo “El síntoma”, el autor rompe con la idea de que la ilusión ideológica está en el saber, plantea que la ilusión está en la realidad; es en la disputa italianos versus aborígenes donde nos encontramos con una ilusión fetichista. Marx, recuerda Zizek, habla de la “religión de todos los días” y señala: “Las raíces del idealismo filosófico especulativo están en la realidad social del mundo”. Finalmente Zizek pareciera hablarle a los protagonistas de esta historia y afirma: “Saben muy bien cómo son en realidad las cosas, pero aún así, hacen como si no lo supieran”. Esta ilusión es la que el autor llama “fantasía ideológica


Ante la insistencia de la familia, Tony Soprano -no muy convencido de la causa- intenta frenar la protesta aborigen en el desfile del 12 de octubre. Vía Hesh (Jerry Adler), el financista de confianza de la mafia, logra el contacto del jefe tribal de los Mohonks y presidente de Empresas Mohonk. Lo curioso es cuando se encuentran y descubren que es un hombre blanco caucásico de nombre Doug Smith.

-Tengo un casino de 250 millones y una fuerte clientela italoamericana (…) estas organizaciones no entienden la actividad económica que mantiene a la comunidad aborigen. Viví casi toda mi vida como blanco hasta que tuve una epifanía racial y vi que era mohonk: la madre de mi abuela paterna era un cuarto mohonk- explica solemnemente Doug Smith. -¿Todo esto sucedió con Ley de Casinos, no?- pregunta Tony Soprano. -Más vale tarde que nunca- afirma risueño Doug Smith.

Tony Soprano se pone el traje de filósofo y apela al cinismo como forma de ideología, olvidándose de la mistificación que atraviesa a la realidad de la discusión que se generó entre italianos y nativos americanos y interpela a Silvio Dante. “¿Todo lo bueno que tenés en la vida te lo dieron porque eres calabrés? Te diré la respuesta: no. Tenés un hijo inteligente en Lackawanna College, tenés una mujer guapísima -al menos cuando te casaste con ella-. Tenés uno de los bares exóticos más exitosos del norte de New Jersey. ¿Tenés todo porque eres italiano? No, porque sos vos, porque sos inteligente, por lo que sos. ¿Dónde mierda está nuestra autoestima? Esa mierda no viene de Colón, El Padrino ni de Chef Boyardee”.

En Crítica de la razón cínica, Peter Sloterdijk señala que el sujeto cínico está al tanto de la distancia entre la máscara ideológica y la realidad social, pero pese a ello insiste en la máscara: “ellos saben muy bien lo que hacen, pero aún así lo hacen”. Tony tiene bien claro que hay un interés particular oculto tras una universalidad ideología, pero aún así no renuncia a ella. Y está bien. Ya lo dijo Tom Wolfe en su última novela Bloody Miami: “A todo el mundo, a la gente de todas partes, le queda una última cosa en la cabeza: ¡los lazos de sangre! A todo el mundo, en todas partes, sólo le queda una cosa… ¡Volver a la sangre!




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