jueves, 10 de julio de 2014

Flávio Campos era uno de los 200 millones de brasileños que no pudieron dormir el pasado miércoles al intentar entender la amarga derrota de la Seleção ante Alemania. Pero su tristeza iba más allá del 7 a 1. La crueldad colectiva que se inició antes mismo del final del partido en el estadio Mineirão fue uno de los motivos de su insomnio. Las críticas a los jugadores que, según él, son solo “chicos”, el vandalismo en algunas ciudades y los insultos a la presidenta Dilma, mientras Brasil era humillado en el campo, eran síntomas de un país huérfano de otras alegrías que no sean el fútbol. “Queremos que la selección represente la fuerza, la virtud y la creatividad del país”, dice Campos, un sociólogo que coordina el Núcleo Interdisciplinar de Estudios sobre el Fútbol. “Es perverso y cruel echar la culpa de nuestro fracaso a los chicos”.

Tengo dos tristezas, dos sentimientos. Uno con el propio resultado del partido. Es evidente que Alemania era la favorita, por el juego más consistente y organizado. Pensaba que no iba a ganar Brasil. Pero siempre hay el imponderable en el fútbol, pues ni siempre gana lo mejor. Siempre hay esperanza. Pero lo que hubo fue una masacre.

 ¿Cómo está usted asimilando la derrota ante Alemania?
¿Y la otra tristeza?
 Además de notar la falta de competitividad ante los alemanes, fue el significado que el fútbol tiene como elemento de la cultura brasileña. La humillante derrota abre la “caja negra” de la sociedad. Vivimos una crisis de representatividad en Brasil, un momento en el que nuestra mirada colectiva es muy frustrante. La percepción es que el sistema político representativo no funciona. Algunos piensan que hay que tirar todo. No es una casualidad que cuando la afición insulta a Fred [delantero de Brasil], empieza también a insultar a Dilma [como en el primer día del Mundial]. Y ese equipo, de chicos… Es una crueldad. Queremos que representen la fuerza y las virtudes, la valentía, la habilidad, la creatividad, la belleza que nosotros no tenemos en nuestros espacios sociales. Es como una compensación. Y queremos que la selección sea un remedio, una solución para las cosas que no logramos resolver en el cotidiano. Es cruel. Nuestros jugadores tienen la edad de mis hijos. Neymar tiene 22 años. Es perverso y cobarde echar la culpa de nuestro fracaso a esos chicos, para que compensen lo que no entendemos en nuestra sociedad.
¿Es mucha presión para tan poca edad, y encima jugando en el Mundial, con la obligación de ganar?
Gilberto Marigoni, candidato a gobernador de São Paulo del PSOL, tiene una definición para los Black Blocs interesante. Dice que son chicos que intentan ser héroes con sus máscaras y armas de destrucción. Es un sentimiento infantil de esa generación. El discurso de David Luiz, que lloraba al decir que quería ofrecer esa alegría a Brasil, es una misión parecida a de los Black Blocs. Querer salvar el país es muy malo. No necesitamos un Mesias, necesitamos actitudes colectivas. Menos cobardía y menos hipocresía. Nuestra actitud como ciudadano sí nos representa.
 ¿Este intento de encontrar a héroes es también un intento de reconstruir un mito como Pelé?
Mira cómo se construyó la historia de Pelé y de esos chicos. El Mundial de 1958. El mejor jugador de ese año no fue Pelé ni Garrincha. La prensa que acompañó el campeonato eligió a Didi como lo mejor jugador de esa época. En muchos partidos no llega a ser un fenómeno. Pero era un excelente jugador. Cuando Suecia hizo su primer gol, Didi es la persona que anda calmamente y dice: “vamos a jugar”. Él era el líder, el que organizaba. Fue Didi y Gilmar quienes subieron a Pelé en sus hombros tras el partido. Lo que quiero decir es que Pelé fue uno de los mejores jugadores del mundo. Garrincha también. Pero esos equipos tuvieron otros atletas muy importantes. Nosotros necesitamos los reyes, los salvadores de la patria, los fenómenos, los príncipes. Pelé fue el rey. Ronaldo, el fenómeno. Y seguro que Neymar será algo semejante.
 ¿El resultado del Mundial influirá las elecciones?
 Ya influyó, desde junio de 2013. Deshidrató el apoyo a Dilma. Ella perdió más del 30% de apoyo en un año. Lo más visible no es Petrobras, por ejemplo. Lo más visible es el Mundial. Y la campaña girará alrededor de ello. Pero mira, la previsión catastrófica no se concretizó. Ningún estadio desmoronó. Sí tumbó un viaducto de la oposición [en Belo Horizonte]. Pero parece que nadie se da cuenta. El alcalde es del PSB y el gobernador es del PSDB. Esta es la cuestión: la percepción que queda para la sociedad brasileña. El mal intencionado echará la culpa a Dilma.
 ¿Perderá apoyo con el 7 a 1?
 Apuesto que sí. Esa depresión tiene que ser descargada, y la derrota será explorada. Directa o indirectamente. Siete goles afectan a la gente. Es un hábito nuestro echar la culpa a alguien. La primera víctima fue Felipão. La siguiente será Dilma.
 Hasta los que más estaban en contra al Mundial apoyaron al evento. ¿Nadie resistió?
 Quienes estaban en los estadios eran de una clase media imbécil, reaccionaria, que no sabía ni siquiera cómo apoyar al equipo en el estadio. Tuvieron incluso que ensayar una canción. Esa clase media blanca, muy incómoda al tener que compartir espacios en los aeropuertos, fue claramente contagiada por la fiesta. Se ilusionó, y eso no es malo. Muchos aprendieron sobre qué es el fútbol. Y me gustaría que ese grupo aprendiera a asumir su responsabilidad social, para que haya una sociedad sin odio ni privilegios. Es un comportamiento que tiene que corregirse. Y ahora empiezan otras elecciones. Es otro partido. No es contra Alemania, sino contra nosotros mismo. Ese es el partido más importante.

via :elpais

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